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La Literatura –del latín littera, letra– indica, por su sentido etimológico, la palabra escrita y, por su desarrollo a través de los siglos, se convierte en el testimonio vivo de la memoria de la humanidad, por el cual a través de los escritores la vida se escribe a sí misma. Como lo ha expresado Rainer María Rilke: “Es nuestra tarea dejar una huella profunda en esta provisional y perecedera tierra. Somos las abejas de lo invisible”.

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Título: Watt
Autor:
Beckett, Samuel

Traductor: Andrés Bosch
Editor: El Hilo de Ariadna
ISBN: 978-987-3761-16-4
Páginas: 320
Formato: 16 x 22 cm
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Watt

(2016)

Escrita durante la década de 1940 y publicada en 1953, Watt fue la última obra sustancial que Samuel Beckett escribió en inglés. Desde ese momento en adelante, adoptó el francés como su medio creativo. Aunque Beckett ya había estado trabajando en Watt cuando dejó París, la mayor parte de la novela la escribió en Roussillon.

La ambivalencia de los sentimientos de Beckett respecto del libro, en cierta medida, puede atribuirse a las circunstancias de su composición en medio del campo remoto, en un aislamiento forzoso y agotador. Es difícil creer que, en cualquier otro momento de su vida, Beckett hubiera tenido la energía o el interés para enumerar laboriosamente las ochenta formas diferentes en las que cuatro muebles pueden ser dispuestos en un cuarto a lo largo de veinte días, o describir las veinte miradas individuales por las que se tiene que pasar antes de que los cinco miembros de un comité puedan estar seguros de que cada uno ha mirado a cada uno de los otros. Beckett tenía razón al afirmar que hay una cierta locura en el proyecto cartesiano de metodizar las operaciones del intelecto humano; pero también había cierta locura en la forma que adoptaba su sátira de la razón metódica.

Watt es una sátira filosófica en la tradición de François Rabelais y (más cercanos a sus orígenes) de los escritores irlandeses Jonathan Swift y Laurence Sterne. Pero el impulso discernible detrás de ella no es meramente escéptico (escéptico ante Descartes, el archidefensor de cultivar el escepticismo como hábito de la mente).

Desde el punto de vista de su escritura, Watt es de calidad despareja. En sus primeros relatos, reunidos en More Pricks than Kicks, Beckett tenía tendencia a exhibir su conocimiento de manera bastante juvenil, mezclar registros elevados y bajos y permitirse fáciles juegos de palabras. Las primeras páginas de Watt exhiben algunos de esos defectos.

 

 

Samuel Beckett (Dublín, 1906-París, 1989), novelista y dramaturgo irlandés. Estudió en una escuela protestante de clase media en el norte de Irlanda y, luego, ingresó en el Trinity College de Dublín, donde se doctoró en lenguas románicas. Trabajó como profesor en París, donde conoció a su compatriota James Joyce, de quien fue traductor y se hizo muy amigo. Luego de la Segunda Guerra Mundial, en la que participó de la Resistencia francesa, se dedicó de lleno a la escritura. Aunque utilizaba indistintamente el francés o el inglés como lenguas literarias, a partir de 1945, escribió la mayoría de sus obras en francés y él mismo tradujo casi todas al inglés. En 1951, Suzanne Déchevaux-Dumesnil lo ayudó a encontrar editor para Molloy. El éxito relativo de esta novela le permitió la publicación de otras y, en especial, la representación de Esperando a Godot en el teatro Babylone de París, que tuvo un increíble éxito de crítica y público. En narrativa, sus novelas más sobresalientes, además de Molloy (1951), fueron Malone muere (1951) y El Innombrable (1953). Pese al criterio expreso del autor, estas tres obras suelen tomarse como una trilogía y, en 1961, Beckett recibió por esta el Premio Formentor. Entre sus obras dramáticas se encuentran, además, Acto sin palabras (1956), Final de partida (1957) y Días felices (1960). Desde principios de los años sesenta hasta su fallecimiento, la obra de Beckett se compactó en formas cada vez más simples y autorreferenciales, cuyo ejemplo más extremo es la obra dramática Breath (Aliento, 1969). Su ruptura con las técnicas tradicionales dramáticas y la nueva estética que proponía le valieron la etiqueta de «antiteatro» o «teatro del absurdo». En el año 1969, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura.