Sábado, 22 de Noviembre de 2008
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El Cordel : Poiesis. Aproximación a la novela María Magdalena condenada de Martín Mazora por M.E. Romero

 

El Cordel
“Poiesis”:¿instancia metafísica o mero juego retórico?

Una aproximación a la novela de Martín Mazora, María Magdalena condenada . Por María Eugenia Romero

Según declaraciones del filósofo Martín Mazora, la literatura dice a través de la metáfora lo que la filosofía expresa en un discurso lógico argumentativo. Filosofía y literatura serían dos lenguajes diferentes para expresar la misma verdad. De este vínculo esencial surge el interés de nuestro autor por escribir ficción. Es así que con María Magdalena condenada inaugura su carrera literaria. Esta obra es la reescritura de los Evangelios, siguiendo los modelos literarios de Saramago, Mailer y Kazantzakis (el epígrafe de la novela es sumamente ilustrador al respecto) y las reflexiones filosóficas surgidas especialmente de su estudio de la obra de Hegel, en particular de su ensayo, “Espíritu del cristianismo y lógica dialéctica”.
Esta personal 'nueva nueva' que es la obra focaliza en 2 figuras, verdaderas 'almas bellas', María Magdalena y Jesús. María Magdalena se convierte aquí en la décimo tercer apóstol, la única depositaria del verdadero mensaje de Cristo-hombre. Ella comprende y ejecuta la palabra de un Jesús humano, demasiado humano, y como él, se expone a ser condenada.
El nuevo evangelio se estructura fundamentalmente en base a la oposición Jesús-hombre, portador de un mensaje de entrega, amor y vida frente a un Cristo resucitado, hijo de Dios, Amo y Señor que continúa con la tradición de la Ley, la obediencia y la servidumbre de la tradición mosaica recogida, luego, por el cristianismo oficial. En este sentido la novela da cuenta del mensaje de Jesús-hombre como mensaje fallido, sofocado por la fuerza aplastante del Poder y la Ley de la religión como institución, y su siniestra arma, el temor. A este respecto es significativo el capítulo final que reproduce (en nuestra novela a manera conclusiva y no inaugural) el texto bíblico de la Creación y que lleva el sugestivo título de 'Separar, dividir, señorear'. La posibilidad de redención será, entonces, únicamente una tarea meramente individual como la de esta María Magdalena.
Magdalena y Jesús son dos 'almas bellas': encarnaciones de la moralidad no como regla o deber sino como efusión del corazón o del instinto. Este concepto se inserta en la tradición del idealismo alemán. Para Schiller un 'alma bella' es un Alma no sólo 'virtuosa' (es decir, cuya voluntad está determinada por el deber) sino 'graciosa' (porque en ella la sensibilidad concuerda espontáneamente con la ley moral). Ella ejecuta los deberes más penosos para la humanidad y el sacrificio heroico aparece como un efecto del instinto. Para Hegel un 'alma bella' es una conciencia que 'vive con ansia de empeñar con la acción y con el ser la honestidad de su interior.' (Fenomenología del Espíritu VI,C,c). Por su parte, Goethe en el L. VI 'Confesión de un Alma Bella' de su novela Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister hace decir a su personaje: 'es un impulso el que me guía, nada se me aparece como Ley.' El mensaje de esta Alma Bella que es Jesús hombre se encuadra en una visión organicista de la vida, una y la misma para todos los seres. Es un mensaje gozoso, de amor y entrega 'porque la vida es un gran árbol y todos somos sus ramas, cada uno, una rama. Por esto les digo _les dijo_, quien siega un retoño a sí mismo se hace daño, ¿o podría la mano mutilar un ojo sin perderse a sí misma? ¿Acaso podría la cabeza cercenar al resto sin caer al polvo vencida?' (p. 175) Su enseñanza no es la del resentimiento sino la del perdón y el amor desinteresado. En este contexto de armonía el hombre no es siervo sino parábola del Padre, microcosmos que refleja en sí mismo al macrocosmos del que es parte: 'Padre nuestro que estás en nosotros, santificada sea tu vida, venga a nosotros tu bendición, hágase tu amor en nuestros corazones. El pan nuestro de cada día dánoslo hoy, y ámanos como nosotros amamos a nuestros hermanos, y no nos dejes caer en la tentación del odio, más líbranos de la enemistad, amén.' (p. 148-49) Así enseña a rezar este Jesús hombre, en franca oposición a la versión oficial que aparece también en el texto de la boca de Cristo resucitado.
El concepto de 'Alma Bella', por otra parte, adquiere en el texto, una dimensión irónica si pensamos que puede aplicarse a quienes creen ser los detentores de la ley y la virtud, partidarios de la severidad y el castigo, fariseos e hipócritas, 'almas satisfechas' de todos los tiempos contra las que este libro intenta tirar las piedras.
Los momentos que mejor marcan un corte entre estas dos maneras de entender y vivir el evangelio son: el episodio en que María Magdalena encuentra a Jesús resucitado y ante el impulso de abrazarlo escucha atónita un 'No me toques, mujer' (p.234). No olvidemos que muchas de las páginas más bellas del libro son los pasajes en los que se describe con gran sensualidad la relación amorosa entre estos dos seres de carne y hueso. Aquí Magdalena, turbada, descubre 'en esos ojos que amaba un ser desconocido y extraño' (p.235). Otro episodio en que se patentiza muy bien la oposición de la que hablamos es el momento en que María _ya prevenida por Magdalena: 'La mirada no es la misma (...) ni es el mismo su modo de hablar' (p. 248)_ no encuentra a su hijo sino al Hijo de Dios, un ser distante y altivo. Las nuevas palabras de Cristo son las que resume la nueva versión (que será la oficial) del Padre Nuestro con la que Jesús quiere que los hombres oremos. Recurre a términos como reino, obediencia y pecado '...porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos, amén.' (p.262)
Ligada a la desilusión de Magdalena ante este Cristo resucitado se halla la rebeldía de Magdalena tanto en los planos socio-político (Magdalena patriota convertida en 'terrorista' en una Palestina ocupada por los romanos) como en el religioso (su forma de interpretar la Palabra es la entrega y la expresa violación de las normas como sucede con su ayuda a los leprosos). Magdalena insiste en la exposición a la condena como única forma de vivir los Evangelios. El tema de la servidumbre se expande en el texto como un tejido (siervos de Dios, siervos de los romanos, siervas la de la condición femenina en la época)
Uno de los mejores recursos del libro es el trabajo constante sobre la imagen de la 'piedra', verdadera metáfora que expande sentido. A lo largo del texto la piedra es la ley (el castigo de la lapidación sobre el que Jesús niño tiene recurrentes pesadillas), el poder (Las Tablas, Pedro) pero también el 'camino' por ejemplo las piedras del templo interior que Jesús resucitado destruye (p.261), las piedras con las que Magdalena trastabilla cuando constata el cambio de Jesús resucitado (p.235) o las piedras sobre las que cae muerto el rabino leproso después de haber recibido el total y amoroso cuidado de Magdalena (p. 301)
Para concluir diremos que Mazora escribe un libro bien logrado, ameno, recurriendo a dos voces. Una enuncia en presente los evangelios. Otra, más distante de los hechos que cuenta, apela al lector, integrándolo por momentos en un 'nosotros', interpreta y juzga los hechos. A este respecto es significativo el epílogo: 'Cómo entender que una entera civilización haya aceptado la imagen del hijo crucificado, resignándose a la idea de abandono paterno, y que incluso haya sublimado semejante desamparo haciendo de la cruz el emblema del amor divino? (...) Lo que realmente vale, y de un modo absoluto, es arriesgar por el prójimo la propia salvación, exponerse a ser condenado.' (p. 307-308) De esta manera el texto ficcionaliza la reflexión filosófica sobre la relación de Dios, los hombres y el mundo, vista como 'problema' o 'misterio' alentando a cada lector a buscar su propia clave portadora o no de sentido.



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